lunes, 23 de marzo de 2009

Los Olvidados

He leído de Ryszard Kapuściński, solamente dos libros de entre su extensa producción, Ébano y El Imperio. Dos obras maestras de la literatura periodística, escritas por un brillante narrador de la memoria histórica.

Me deben haber contado muy mal la historia a lo largo de mi vida, porque admito que en más de una ocasión me he visto en la situación de tener que cerrar el libro y dejar la lectura para otro momento, ante la dureza de los acontecimientos históricos que, Ryszard Kapuściński, nos cuenta en sus obras. En Ébano nos plantea la posibilidad de conocer África desde la dimensión real de un continente desconocido. África y sus habitantes son los grandes olvidados de la historia. África, fuera de los tópicos, fuera de la seudo-historia y tratada desde su propia condición de universo o planeta. En El Imperio, nuestro autor, hace una radiografía de su estremecedora relación con la URSS; la terrorífica experiencia de las deportaciones, el derrumbe del Imperio Soviético entre 1989-1991 o el fervor nacionalista de repúblicas como Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

domingo, 22 de marzo de 2009

Vaguedades II

La bolita entró dos veces. Todo lo demás sobra. Sobra el buen juego (que lo hubo y mucho) y sobran las cocteleras periodísticas del triunfalismo. Pero lo más importante, debe sobrar de una vez el patriotismo folclórico que se traduce en una casi paradigmática relación de vulgaridad que tienen nuestros políticos con el fútbol . Ellos no meten goles, los marcan los futbolistas como Nino. Ellos, no pueden seguir afirmando que lo más importante para nuestra isla sea que el Tenerife se sitúe a final de temporada entre los tres mejores equipos de la categoría y, por consiguiente, logre el ascenso a Primera División. El domingo viene el Córdoba al Rodríguez López. Iré al estadio.

Vaguedades I

Este blog me ayuda a vivir mejor. Continuo reencuentro con lo que más me gusta hacer: escribir. Puede resultarte, amigo lector, un poco exagerada la afirmación, pero ¡cómo ha cambiado mi vida! desde aquel histórico 22 de enero del presente año, día en el que edité mi primer texto.

En este blog he hallado el valor nada desdeñable de construirme un particular rincón en el que sentirme seguro, tranquilo, parapetado detrás de la expresión de mis ideas y vaguedades. Estoy obsesionado con el tiempo como un espacio que me excita por sus perspectivas de ocupación útil. Deseo ocupar el lugar interminable de las ideas, y abrir todos los grifos de la abundancia que tengo a mi plena disposición.

jueves, 19 de marzo de 2009

Diez años sin José Agustín

Conocí a José Agustín Goytisolo el día de su muerte, hace hoy, justamente, diez años. Nacido ocho años antes de que estallara la Guerra Civil Española, perdió a su madre en 1938, durante un bombardeo franquista sobre Barcelona, su ciudad natal. Compañero generacional de José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral, ganador del premio Adonais en 1954, destacado autor de obras como ; El retorno, Años decisivos, Bajo tolerancia, por citar solamente algunos de sus títulos. El diario El País editó, el día después de muerte (José Agustín Goytisolo se suicidó el 19 de marzo de 1999 arrojándose a la calle desde el balcón de su casa), una semblanza del malogrado poeta y junto a la correspondiente secuencia fotográfica que ilustraba un texto breve sobre su vida, el poema Palabras para Julia. Lo leí y me quedé de una pieza. Yo era solamente un muchacho de 24 años, desubicado, agitado, con todo el poder de mi propia ansiedad para expresar, a través de la escritura, lo que le ocurría diariamente a mi dañada condición de ser humano. Todo lo que decían los versos de Palabras para Julia eran las razones desesperadas de mi esperanza. Una esperanza y un optimismo que José Agustín pintaba desde la sobriedad de cierta alegría existencial al cabo de los años. Palabras para Julia, supuso para mí, el redescubrimiento de una poesía que considero de tono abiertamente comunicativa, necesaria, urgente, de enorme solidez vivencial. Un poeta me llevó a otro, pronto encontré a mis admirados Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral en las estanterías de la biblioteca pública de mi ciudad y fue entonces cuando todo ese mundo aparte; repleto de noches sin dormir, de alcoholismo noctámbulo, de toda la infinita tristeza de las drogas se convirtió en inolvidables poemas. Poemas nacidos del exceso de vida, que entraron definitivamente en mi sensibilidad y en mi gusto por la poesía con vísceras. Feliz homenaje a José Agustín Goytisolo el día de su muerte, diez años después.

lunes, 16 de marzo de 2009

La conversación que nunca fue

Me comenta una compañera de trabajo, que hace unas semanas compró mi libro de poemas "Cuando yo era otro", que muchas de mis composiciones le habían conmovido. Una de las emociones que dijo sentir, como una constante punzada emocional, fue la tristeza. Me sorprendió mucho la expresión de su cara mientras me comunicaba las sensaciones que experimentó durante y después de la lectura de mis versos. Era el rostro de una persona que celebra algo, el rostro de alguien sorprendido por el hallazgo humano de los restos de un hombre (que soy yo, en éste caso) cuando la tormenta pasa. Me preguntó con un dulce gesto de asombro, qué cómo era posible que siendo tan aparentemente extrovertido y bromista y en ocasiones tonto y superficial, luego en el deseado retiro de mi escritura, me reconcentrara y reivindicara mi existencia desde la voz de un hombre que quiere saber y comprender, que se intruduce en la espesura, que llora y siente miedo, que quiere seguir con vida... le contesto: "primero fueron los versos, primero fue la escritura, todo lo demás, lo que ves en el escaparate social, es una pegajosa máscara, una tabla de salvación en medio de selva".

sábado, 14 de marzo de 2009

miércoles, 11 de marzo de 2009

Amo la vida tranquila sobre la tierra

Al amanecer, el dedo pulgar de la muerte tocando el timbre de mi idílica existencia. Me ha llegado la hora y yo aún tan joven y con legañas en los ojos y con tanto miedo a un estruendo de luz amarilla. Para preservar la vida hay que mantener la sangre siempre bien contenida dentro de los largos cables membranosos, pero no pude evitar el derrame del líquido rojo cuando mis tímpanos se convirtieron en disparadero de agua oscura en plena calle. Amor entre desconocidos después de la guerra. Primero una deflagración y luego otra, la noche anterior me había ido de fiesta y olvidé preparar el búnker en el que protegerme de la artillería enemiga. Casi muero. Amo la vida tranquila sobre la tierra.